Escritura Principal: Salmo 2
Las pocas veces en la Biblia
donde se menciona que Dios se ríe, no lo hace con alegría, gozo o diversión. Echa
un vistazo:
¿Por qué se rebelan los pueblos? ¿Por qué conspiran
las naciones? Los reyes de la tierra hacen alianzas;
los caudillos se declaran en contra del Señor y de su Mesías. Y
dicen: “¡Vamos a quitarnos sus cadenas! ¡Vamos a librarnos de sus
ataduras!” El que reina en los cielos se ríe; el Señor se burla de
ellos. Pero el Señor se burla de ellos porque sabe que ya viene su hora.
Los malvados sacan la espada, tensan el arco, para derribar a los pobres
y necesitados, para acabar on los hombres cabales; Pero tú, Señor, te burlarás de ellos; ¡dejarás en ridículo a
todas las naciones! (Salmo 2:1-4, Salmo 37:13-14, Salmo 59:8 RVC)
¡Uy-yu-yuy! No es exactamente
el objeto de la risa que nos gustaría ser, ¿verdad?
La comparación puede ser un poco
defectuosa, pero trae a la mente la imagen ridícula de una hormiga que se
rebela contra un hombre, agitando un par de sus patitas pegajosas con ira,
retándole desafiantemente, cuando todo lo que el ser humano necesita hacer es
aplastarlo con un simple toquecito de su dedo. Ridículo, ¿verdad? Ahora amplia
esa imagen un millón de veces para empezar a ver los versos arriba en su
perspectiva correcta. Hm ...
Pensándolo bien, ¿No es
cuestión de pura risa también cuando las naciones se rebelan contra la
autoridad de Dios? ¿Qué pasa cuando hacemos eso como individuos? No literalmente
sacudir desafiantemente nuestro puño en la cara de Dios (¡aunque algunos se han
atrevido a hacer exactamente eso!), Pero cuando conscientemente y
deliberadamente Le dejamos fuera de nuestras vidas y hacemos cosas a nuestra
manera, en lugar de a Su manera, ¿no estamos pasivamente, desafiándole también?
¿Cuántas veces he desafiado pasivamente a Dios al voluntariosamente seguir mi propio camino? ¿Cuántas veces lo has hecho tú? ¡Es absurdo,por cierto! Gracias Dios, por tu perdón de nuestra rebelión y orgullo.
Una canción por Jesús Adrián Romero que nos ayuda a entender lo meditado:
RE*J*oicita

